De Besacalles a María: el reverso histórico del desarraigo
Por Carlos Julio Castellanos Hincapié.
Para Paty, apasionada lectora de Destinitos fatales.
Introducción
En Besacalles, el cuento de Andrés Caicedo, no se narra simplemente la errancia de un joven homosexual por la Cali de los años setenta; se pone en escena el momento en que una ciudad moderna revela su incapacidad para hospedar la diferencia. La urbe que promete anonimato y libertad se muestra, en el relato, como un espacio donde el cuerpo distinto solo puede sobrevivir mientras permanezca en la penumbra. Cuando la identidad se vuelve visible, la ciudad deja de ser refugio y se transforma en territorio hostil.
El protagonista no es solo un marginado social: es el punto de fricción entre dos órdenes que coexisten sin integrarse. Por un lado, una tradición todavía operante —familiar, patriarcal, religiosa— que expulsa o mata aquello que amenaza su estabilidad; como cuando la familia se entera de sus salidas furtivas los sábados en la noche: “…de modo que si te encontramos en esas, palabra que te matamos, y yo sabía que si me encontraban cumplían la amenaza”. Por otro, una modernidad urbana que disuelve vínculos, acelera el tiempo y reconfigura las formas de habitar el espacio, pero que no logra instituir un nuevo marco de pertenencia. Entre ambos mundos, el personaje queda suspendido. La ciudad le ofrece movimiento, pero no arraigo; circulación, pero no reconocimiento. Su identidad se construye en el presente inmediato de las calles —en ríos, paraderos de buses, esquinas, trayectos nocturnos— y, sin embargo, carece de pasado y de sostén simbólico.
Este ensayo sostiene que Besacalles dramatiza el destino trágico de la diferencia en una modernidad colombiana escindida: un orden social que produce sujetos nuevos sin generar las condiciones simbólicas, jurídicas y culturales para integrarlos en un horizonte de reconocimiento efectivo. No se trata de una modernidad incompleta en sentido evolutivo, sino de una modernidad periférica: heterogénea, desigual y asincrónica, donde estructuras tradicionales persisten al tiempo que nuevas formas urbanas reconfiguran la experiencia del espacio y del deseo.
A partir del análisis del itinerario urbano del protagonista, de la ausencia de memoria que atraviesa su relato y del contraste con la estructura tradicional que encarna la novela María de Jorge Isaacs, se examinará cómo la ciudad moderna aparece simultáneamente como espacio de constitución subjetiva y como dispositivo de exclusión. En esa tensión, el nomadismo final del personaje no puede leerse como liberación, sino como forma de exilio: la única salida posible para quien no encuentra lugar en una sociedad que ha aprendido a modernizarse sin aprender a convivir con la diferencia.
Para comprender cómo opera esta lógica de inclusión fallida, es necesario descender al espacio concreto donde el relato sitúa a su protagonista: las calles de Cali. Allí, en la circulación nocturna, en la búsqueda de encuentros fugaces y en el aprendizaje forzado de los códigos urbanos, se configura un sujeto que solo puede existir desplazándose. El cuento no presenta la ciudad como mero telón de fondo, sino como el dispositivo mismo que modela la experiencia del deseo y delimita sus posibilidades. Pero más que una simple cartografía, lo que emerge es una toponimia: una red de nombres de lugares urbanos que cargan sentidos, jerarquías y amenazas. Poema: La poesía
TEXTOS TALLER EL ESPANTAPARRAFOS
La poesía
La poesía
es la vida misma
mirada de cerca
Un tronco cualquiera,
sus formas
abrazando una nube.
El lenguaje
no es inocente.
Puede herir,
puede abrir.
Lo tomo despacio.
Decir la verdad
con palabras dulces.
Si la verdad
sangra,
el poema
no calla.
La poesía
es la vida misma.
Autor: Patricia Bonilla Thorschmidt


